حَدَّثَنَا مُعَاذُ بْنُ فَضَالَةَ، قَالَ حَدَّثَنَا هِشَامٌ، عَنْ يَحْيَى، عَنْ أَبِي سَلَمَةَ، عَنْ أَبِي هُرَيْرَةَ، قَالَ لأُقَرِّبَنَّ صَلاَةَ النَّبِيِّ صلى الله عليه وسلم‏.‏ فَكَانَ أَبُو هُرَيْرَةَ ـ رضى الله عنه ـ يَقْنُتُ فِي الرَّكْعَةِ الآخِرَةِ مِنْ صَلاَةِ الظُّهْرِ وَصَلاَةِ الْعِشَاءِ، وَصَلاَةِ الصُّبْحِ، بَعْدَ مَا يَقُولُ سَمِعَ اللَّهُ لِمَنْ حَمِدَهُ‏.‏ فَيَدْعُو لِلْمُؤْمِنِينَ وَيَلْعَنُ الْكُفَّارَ‏.‏
Traducción
Narró Rifa'a bin Rafi` Az-Zuraqi

Un día estábamos rezando detrás del Profeta. Cuando levantó la cabeza después de inclinarse, dijo: «Sami'a l-lahu liman hamidah». Detrás de él, un hombre dijo: «Rabbana wa laka l-hamdu, hamdan kathiran taiyiban mubarakan fihi» (¡Oh, nuestro Señor! Todas las alabanzas son para Ti, muchas alabanzas buenas y benditas). Cuando el Profeta terminó la oración, preguntó: «¿Quién ha dicho estas palabras?» El hombre respondió: «Yo». El Profeta dijo: «Vi a más de treinta ángeles compitiendo por escribirlo primero». El Profeta se levantó (después de inclinarse) y permaneció erguido hasta que todas las vértebras de su columna vertebral llegaron a su posición natural.