El Profeta (ﷺ) dijo: «Entre los hombres de Bani Israel había un hombre que había asesinado a noventa y nueve personas. Luego se puso a preguntar (si su arrepentimiento podía ser aceptado o no). Se encontró con un monje y le preguntó si podía aceptar su arrepentimiento. El monje respondió negativamente, por lo que el hombre lo mató. Siguió preguntando hasta que un hombre le aconsejó ir a tal o cual pueblo. (Así que se fue) pero la muerte lo alcanzó en el camino. Mientras moría, giró su pecho hacia esa aldea (donde esperaba que se aceptara su arrepentimiento), y así los ángeles de la misericordia y los ángeles del castigo se pelearon por él. Alá ordenó a la aldea (hacia la que se dirigía) que se acercara a él, y a la aldea (de donde había venido) que se alejara, y luego ordenó a los ángeles que midieran la distancia entre su cuerpo y las dos aldeas. Así que se encontró un palmo más cerca de la aldea (a la que se dirigía). Así que fue perdonado».