"Cuando los emigrantes que habían cruzado el mar regresaron al Mensajero de Allah (ﷺ), él dijo: '¿Por qué no me cuentas las cosas extrañas que viste en la tierra de Abisinia?' Algunos jóvenes entre ellos dijeron: '¡Sí, Señor de Allah! Mientras estábamos sentados, una de sus monjas ancianas pasó con una vasija de agua en la cabeza. Pasó junto a algunos de sus jóvenes, uno de los cuales colocó su mano entre sus hombros y la empujó. Cayó de rodillas y su vasija se rompió. Cuando se levantó, se volvió hacia él y le dijo: "Llegarás a saber, Otraitor, que cuando Alá levante el estrado y reúna al primero y al último, y las manos y los pies hablen de lo que solían ganar, pronto conocerás tu caso y el mío en Su presencia". El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: "Ella dijo la verdad, dijo la verdad. ¿Cómo puede Alá purificar a un pueblo si no apoya a sus débiles de los fuertes?"