"La tierra fue reunida para mí para que pudiera ver el oriente y el occidente, y se me dieron dos tesoros, el amarillo (o el rojo) y el blanco, es decir, el oro y la plata. Y se me dijo: 'Tu dominio se extenderá hasta donde se te ha mostrado'. Le pedí a Allah tres cosas: que mi nación no se viera abrumada por una hambruna que los destruiría a todos, y que no fueran desgarrados por el cisma y lucharan entre sí, pero me dijeron: 'Cuando yo (Allah) emita Mi decreto, no podrá ser revocado. Pero nunca haré que tu nación se vea abrumada por una hambruna que los destruiría a todos, y no reuniré a sus enemigos contra ellos hasta que se aniquilen unos a otros y se maten unos a otros. Una vez que comiencen a pelear entre ellos, eso continuará hasta el Día de la Resurrección. Lo que más temo por mi nación es desorientar a los líderes. Algunas tribus de mi nación adorarán ídolos, y algunas tribus de mi nación se unirán a los idólatras. Antes de que llegue la Hora, habrá cerca de treinta Dajjals (grandes mentirosos), cada uno de los cuales afirma ser un Profeta. Pero un grupo de mi nación continuará adhiriéndose a la verdad y será victorioso, y aquellos que se opongan a ellos no les harán daño, hasta que se cumpla la orden de Allah".