Cuando aparece este verso: «Ya sea que reveles lo que tienes en la mente o lo ocultes, Allah te pedirá cuentas según ello» (ii 284), se les ocurrió algo (de ese miedo) como nunca había entrado en sus corazones (antes). El Apóstol (ﷺ) observó: Di: Hemos escuchado, obedecido y nos hemos sometido. Él (el periodista) dijo: Alá les infundió fe en sus corazones y reveló este versículo: «Alá no agobia a nadie más allá de su capacidad. Recibe todo lo bueno que se gana y sufre todos los males que se gana. Señor nuestro, llámanos a no rendir cuentas si nos olvidamos o cometemos un error. Él (el Señor) dijo: De hecho, lo hice. ¡Señor nuestro! no nos impongas una carga como la que impusiste a quienes nos precedieron. Él (nuestro Señor) dijo: En efecto, lo hice. Y perdónanos, ten piedad de nosotros. Tú eres nuestro protector» (ii. 286). Dijo: De hecho, lo hice.