Luego, la gente sería convocada junto con sus ídolos a quienes adoraban, uno tras otro. Entonces nuestro Señor venía a nosotros y nos decía: ¿A quién esperáis? Decían: Estamos esperando a nuestro Señor. Diría: Yo soy tu Señor. Dirán: (No estamos seguros) hasta que te miremos, y Él se les mostrará sonriendo, y se unirá a ellos y ellos Lo seguirán. Y cada persona, hipócrita o creyente, estará dotada de una luz y habrá púas y ganchos en el puente del Infierno, que atraparán a quienes Alá quiera. Entonces, la luz de los hipócritas se apagaría y los creyentes se asegurarían la salvación. Y el primer grupo que la lograra estaría compuesto por setenta mil hombres que tendrían el brillo de la luna llena en sus rostros y no serían llamados a rendir cuentas. Entonces, las personas que los siguieran inmediatamente tendrían el rostro de las estrellas más brillantes del cielo. Así es cómo (los grupos se seguirían uno tras otro). Llegaba entonces la etapa de la intercesión, y ellos (a quienes se les permitía interceder) intercederían hasta que quien hubiera declarado: «No hay más dios que Alá» y que tenía en su corazón la virtud del peso de un grano de cebada saliera del Infierno. Luego los llevaban al patio del Paraíso y los habitantes del Paraíso comenzaban a rociarlos con agua hasta que brotaban como el que brota una cosa en el agua de una inundación, y sus quemaduras desaparecían. Se lo pedirían a su Señor hasta que se les concediese (las bondades) del mundo y, con él, diez más.