No nos echéis polvo (sin hacer caso a esta observación), el Profeta (ﷺ) los saludó, se detuvo, se bajó de su animal, los invitó a Alá y les recitó el Corán. 'Abdullah b. Ubayy dijo: Oh, amigo, si lo que dices es verdad, lo mejor para ti sería que no nos molestaras con ello en nuestras asambleas. Regresa a tu casa. A quien venga de nuestra parte, dígale (todo) esto. Abdullah b. Rawaha dijo: Venid a nuestras reuniones, porque nos encanta (escucharlo). El narrador dice: (Ante esto), los musulmanes, los politeístas y los judíos comenzaron a reprenderse unos a otros hasta que se decidieron a ir a los puños. El Profeta (ﷺ) continuó pacificándolos. (Cuando se tranquilizaron), montó en su animal y llegó a Sa'd b. 'Ubida. Dijo: Saad, ¿no has oído lo que dijo Abu Hubab (que significa 'Abdullah ibn Ubayy)? Ha dicho tal y tal cosa. Sa'd dijo: Mensajero de Allah, perdona y perdona. Alá te ha concedido una posición sublime (pero, por lo que a él respecta), la gente de este asentamiento decidió convertirlo en su rey obligándolo a llevar una corona y un turbante (en señal de ello), pero Dios ha eludido esto con la verdad que te ha concedido. Esto lo ha puesto celoso y sus celos (deben haber sido) los que han provocado el comportamiento que habéis presenciado. Por eso, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo perdonó.