un hombre de entre los beduinos se acercó al Profeta, creyó en él y lo siguió, y luego dijo: «Emigraré contigo». El Profeta le dijo a uno de sus compañeros que lo cuidara. Durante una batalla, el Profeta capturó algunos prisioneros como botín de guerra y los distribuyó, dándole (a ese beduino) una parte. Sus compañeros le dieron lo que se le había asignado. Había estado cuidando algunos animales para ellos y, cuando llegó, le dieron lo que le correspondía. Dijo: «¿Qué es esto?» Dijeron: «Una parte que el Profeta os ha asignado». La cogió, se la llevó al Profeta y le dijo: «¿Qué es esto?» Dijo: «Se lo asigné a ti». Dijo: «No es por eso que te he seguido. Más bien te seguí para que me dispararan, y él le señaló con una flecha en la garganta, y morir y entrar en el Paraíso». Dijo: «Si eres sincero con Alá, Alá cumplirá tu deseo». Poco después se levantaron para luchar contra el enemigo, y lo llevaron ante el Profeta, tal como él lo había señalado. El Profeta dijo: «¿Es él?» Dijeron: «sí». Dijo: «Fue sincero con Alá y Alá cumplió su deseo». Luego, el Profeta lo cubrió con su propia capa y lo puso delante de él y ofreció la oración (fúnebre) por él. Durante su súplica, dijo: «Oh Dios, este es Tu siervo que emigró (Muhayir) por ti y fue asesinado como mártir; soy testigo de ello.: (Sahih).