«Una mujer pobre de Al-Awali se enfermó y el Profeta solía preguntarles por ella. Dijo: «Si muere, no la entierres hasta que haya hecho la oración fúnebre por ella. Murió y la llevaron a Medina al anochecer, y descubrieron que el Mensajero de Allah se había ido a dormir. No quisieron despertarlo, por lo que rezaron fúnebre por ella y la enterraron en Baqi' Al-Gharqab. A la mañana siguiente llegaron y el Mensajero de Allah les preguntó por ella. Dijeron: «Ha sido enterrada, oh Mensajero de Allah. Llegamos a ti y te encontramos durmiendo, y no quisimos despertarte». Dijo: «vamos». Salió a caminar y lo acompañaron y le mostraron su tumba. El Mensajero de Allah se puso de pie y formaron hileras detrás de él, y él ofreció la oración fúnebre por ella, recitando el Takbir cuatro veces».