«Cuando el creyente está muriendo, los ángeles de la misericordia vienen a él vestidos con seda blanca y le dicen: «Sal contento y con el placer de Alá sobre ti, a la misericordia de Alá, fragancia y de un Señor que no está enojado; así sale como la mejor fragancia de almizcle. Lo pasan de uno a otro hasta llevarlo a la puerta del cielo, donde dicen: '; ¡Qué buena es esta fragancia que te ha llegado de la tierra! Entonces, las almas de los creyentes vienen a él y se alegran por él más de lo que ninguno de vosotros se alegra cuando su ser querido ausente viene a él. Le preguntan: «¿Qué le pasó a tal y tal? ¿Qué le pasó a tal y tal?» Le dicen: «Déjalo en paz, porque ha pasado por las dificultades del mundo. Cuando dice: «¿No ha venido aquí?» Dicen: «Lo llevaron al pozo (del Infierno)». Salgan del descontento, objeto de la ira divina, al castigo de Alá, el Poderoso y el Sublime. Así saldrá como el hedor más repugnante de un cadáver. Lo llevan a las puertas de la Tierra, donde dicen: «¡Qué fétido es este hedor!» Luego lo llevan a las almas de los incrédulos».