El Profeta (ﷺ) le dijo: "¿No debería dirigirte al jefe de las súplicas de perdón? ' Oh Allah, Tú eres mi Señor, no hay nadie digno de adoración excepto Tú, Tú me creaste y yo soy Tu siervo. Me estoy adhiriendo a Tu pacto y Tu promesa tanto como puedo, busco refugio en Ti de la maldad de lo que he hecho. Te admito tus bendiciones sobre mí, y admito mis pecados. Así que perdóname, porque no hay nadie que pueda perdonar pecados excepto Tú (Allāhumma anta rabbī lā ilāha illā anta, khalaqtanī wa ana 'abduka, wa ana 'alā 'ahdika wa wa'dika ma-staṭa'tu. A'ūdhu bika min sharri ma ṣana'tu, wa abū'u ilayka bini'matika 'alayya wa a'tarifu bidhunūbī faghfirlī dhunūbī innahu lā yaghfirudh-dhunūba illā ant).' Ninguno de vosotros lo dice cuando llega al anochecer, y un decreto le sobreviene antes de que llegue a la mañana, excepto que el Paraíso se vuelve obligatorio para él. Y nadie lo dice cuando llega a la mañana, y un decreto le llega antes de que llegue al anochecer, a menos que el Paraíso se haga obligatorio para él".