حَدَّثَنَا عَبْدُ اللَّهِ بْنُ مَسْلَمَةَ، حَدَّثَنَا مَالِكٌ، عَنْ أَبِي النَّضْرِ، عَنْ أَبِي سَلَمَةَ، عَنْ عَائِشَةَ ـ رضى الله عنها ـ قَالَتْ كُنْتُ أَمُدُّ رِجْلِي فِي قِبْلَةِ النَّبِيِّ صلى الله عليه وسلم وَهُوَ يُصَلِّي، فَإِذَا سَجَدَ غَمَزَنِي فَرَفَعْتُهَا، فَإِذَا قَامَ مَدَدْتُهَا‏.‏
Traducción
Narró Abu Huraira

El Profeta (ﷺ) ofreció una vez la oración y dijo: «Satanás se acercó a mí e intentó interrumpir mi oración, pero Dios me dio una ventaja sobre él y lo ahogué. Sin duda, pensé en atarlo a uno de los pilares de la mezquita hasta que te levantes por la mañana y lo veas. Entonces recordé la declaración del Profeta Salomón: «¡Señor mío! Concédeme un reino como el que no pertenezca a ningún otro después de mí». Entonces Alá hizo que (Satanás) regresara con la cabeza gacha (humillado)».