Un hombre se acercó al Profeta (ﷺ) un viernes mientras él (el Profeta) pronunciaba un sermón en Medina y le dijo: «Falta la lluvia, así que por favor invoca a tu Señor para que nos bendiga con la lluvia». El Profeta (ﷺ) miró al cielo cuando no pudo detectar ninguna nube. Luego invocó a Alá para que lloviera. Las nubes empezaron a acumularse y llovió hasta que los valles de Medina empezaron a fluir con agua. Siguió lloviendo hasta el viernes siguiente. Entonces, ese hombre (o algún otro hombre) se puso de pie mientras el Profeta (ﷺ) pronunciaba el sermón del viernes y dijo: «Estamos ahogados; por favor, invoca a tu Señor para que no nos llegue (la lluvia)». El Profeta sonrió y dijo dos o tres veces: «¡Oh, Allah! Por favor, deja que llueva a nuestro alrededor y no sobre nosotros». Las nubes empezaron a dispersarse sobre Medina, a la derecha y a la izquierda, y llovió alrededor de Medina y no sobre Medina. Allah les mostró (al pueblo) el milagro de Su Profeta y su respuesta a su invocación.