Un hombre le preguntó al Mensajero de Allah (ﷺ) acerca de «Al-Luqata» (una bolsa perdida o algo que alguien había recogido). El Profeta (ﷺ) dijo: «Debes anunciarlo públicamente durante un año, y luego recordar y reconocer el material de anclaje del recipiente, y luego podrás gastarlo. Si el propietario acude a ti, debes pagarle el equivalente». El hombre dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! ¿Qué hay de una oveja perdida?» El Profeta dijo: «Tómala porque es para ti, para tu hermano o para el lobo». El hombre volvió a decir: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! ¿Qué hay de un camello perdido?» El Mensajero de Allah (ﷺ) se puso muy enojado y furioso, y sus mejillas se pusieron rojas (o su rostro se puso rojo), y dijo: «No tienes nada que ver con él (el camello) porque tiene su comida y su recipiente de agua hasta que encuentra a su dueño».