Estuve con el Profeta (en un viaje) entre La Meca y Medina, y todos ellos (es decir, el Profeta (ﷺ) y sus compañeros) estaban en el estado de Ihram, mientras que yo no estaba en ese estado. Estaba montando a caballo y me gustaba subir montañas. Así que mientras lo hacía, me di cuenta de que la gente estaba mirando algo. Fui a ver qué era y vi que era una onagera. Pregunté a mis compañeros: «¿Qué es eso?» Dijeron: «No lo sabemos». Dije: «Es una onager». Dijeron: «Es lo que has visto». Había dejado mi látigo, así que les dije: «Déjenme el látigo». Dijeron: «No os ayudaremos en eso (en la caza de la onágara)». Me bajé, cogí mi látigo y perseguí al animal (montado en mi caballo) y no paré hasta matarlo. Me acerqué a ellos y les dije: «¡Vamos, llévenlo!» Pero dijeron: «Ni siquiera lo tocaremos». Por fin, solo yo lo llevé y se lo llevé. Algunos lo comieron y otros se negaron a comerlo. Les dije (a ellos): «Le preguntaré al Profeta (ﷺ) al respecto (en vuestro nombre)». Cuando conocí al Profeta, le conté toda la historia. Me dijo: «¿Te ha quedado algo de eso?» Le dije: «Sí». Dijo: «Come, porque es una comida que Alá te ha ofrecido».