حَدَّثَنَا مُسَدَّدٌ، حَدَّثَنَا يَحْيَى، عَنْ إِسْمَاعِيلَ بْنِ أَبِي خَالِدٍ، عَنِ الْحَارِثِ بْنِ شُبَيْلٍ، عَنْ أَبِي عَمْرٍو الشَّيْبَانِيِّ، عَنْ زَيْدِ بْنِ أَرْقَمَ، قَالَ كُنَّا نَتَكَلَّمُ فِي الصَّلاَةِ يُكَلِّمُ أَحَدُنَا أَخَاهُ فِي حَاجَتِهِ حَتَّى نَزَلَتْ هَذِهِ الآيَةُ {حَافِظُوا عَلَى الصَّلَوَاتِ وَالصَّلاَةِ الْوُسْطَى وَقُومُوا لِلَّهِ قَانِتِينَ} فَأُمِرْنَا بِالسُّكُوتِ.
Traducción
Narró Zaid bin Arqam
Solíamos hablar mientras orábamos. Uno de nosotros solía hablar con su hermano (mientras rezaba) acerca de su necesidad, hasta que se reveló el verso: «Cuida estrictamente las cinco oraciones (obligatorias), especialmente las de la mitad (la mejor) (la mejor), y preséntate ante Dios obedeciendo (y no hables con los demás durante las oraciones)». Luego se nos ordenó no hablar en las oraciones.