Una vez, mientras estaba sentado con los compañeros del Profeta (ﷺ) en una estación en el camino a La Meca y el Mensajero de Allah (ﷺ) estaba parado delante de nosotros y todas las personas estaban asumiendo el Ihram mientras yo no estaba. Mi compañero vio a una onager mientras yo estaba arreglando mis zapatos. No me informaron de la existencia de la onagera, pero deseaban que la viera. De repente, miré y vi a la onáger. Luego me dirigí hacia mi caballo, lo ensillé y cabalgé, pero olvidé coger el látigo y la lanza. Así que les dije (mis compañeros): «Denme el látigo y la lanza». Pero ellos dijeron: «No, por Alá, no os ayudaremos de ninguna manera a cazarlo». Me enfurecí, bajé del monte, lo cogí (la lanza y el látigo), cabalgé (el caballo persiguió a la onágara y la hirió) y la traje cuando estaba teñida. Mis compañeros empezaron a comer su carne (cocida), pero sospecharon que podría ser ilegal comer su carne mientras estaban en estado de Ihram. Entonces seguí adelante y me quedé con una de sus patas delanteras. Cuando conocimos al Mensajero de Dios, le preguntamos acerca de eso. Dijo: «¿Llevas un poco de su carne?» Le di la pata delantera y se comió la carne hasta quitarle el hueso de la carne, aunque estaba en estado de Ihram.