Éramos ciento treinta hombres sentados con el Profeta. El Profeta (ﷺ) dijo: «¿Alguno de vosotros tiene algo de comer con él?» Sucedió que un hombre tenía un Sa de harina de trigo (o algo así) que luego se convirtió en masa. Al cabo de un rato llegó un pagano alto y larguirucho que llevaba unas ovejas. El Profeta (ﷺ) preguntó: «¿Nos venderás (una oveja) o nos la darás como regalo?» El pagano respondió: «No, pero la venderé». Así que el Profeta le compró una oveja que había sido sacrificada, y luego el Profeta (ﷺ) ordenó que se le asara el hígado, los riñones, los pulmones y el corazón, etc. Por Dios, ninguno de esos ciento treinta hombres no tenía su parte de esas cosas. El Profeta (ﷺ) repartió entre los presentes y guardó una parte para los ausentes. Luego sirvió las ovejas cocidas en dos bandejas grandes y comimos todos juntos hasta saciarnos; sin embargo, quedó una parte en las dos bandejas que llevé en el camello.