Un beduino se acercó al Mensajero de Allah (ﷺ) y le dijo: «¡Oh, apóstol de Allah! Te pido por Alá que juzgues Mi caso de acuerdo con las leyes de Alá». Su oponente, que era más sabio que él, dijo: «Sí, juzga entre nosotros según las leyes de Alá y permíteme hablar». El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «Habla». Él (es decir, el beduino o el otro hombre) dijo: «Mi hijo trabajaba como obrero para este (hombre) y tuvo relaciones sexuales ilegales con su esposa. La gente me dijo que era obligatorio apedrear a mi hijo hasta que muriera, así que en vez de eso lo rescaté pagando cien ovejas y una esclava. Luego pregunté a los eruditos religiosos al respecto y me dijeron que mi hijo debía recibir cien latigazos y ser desterrado durante un año, y que la esposa de este (hombre) debía ser apedreada hasta morir». El Mensajero de Allah (ﷺ) dijo: «En cuyas manos está mi alma, juzgaré entre vosotros según las leyes de Allah. La esclava y la oveja te serán devueltas, tu hijo recibirá cien latigazos y será desterrado durante un año. Tú, Unais, ve a ver a la esposa de este (hombre) y, si ella confiesa su culpabilidad, apedreala hasta matarla». A la mañana siguiente, Unais fue a ver a esa mujer y confesó. El Mensajero de Allah (ﷺ) ordenó que fuera apedreada hasta matarla.