حَدَّثَنَا يَعْقُوبُ بْنُ إِبْرَاهِيمَ، حَدَّثَنَا يَحْيَى بْنُ سَعِيدٍ، عَنْ عُبَيْدِ اللَّهِ، قَالَ أَخْبَرَنِي نَافِعٌ، عَنِ ابْنِ عُمَرَ ـ رضى الله عنهما أَنَّ النَّبِيَّ صلى الله عليه وسلم عَرَضَهُ يَوْمَ أُحُدٍ وَهْوَ ابْنُ أَرْبَعَ عَشْرَةَ فَلَمْ يُجِزْهُ، وَعَرَضَهُ يَوْمَ الْخَنْدَقِ وَهْوَ ابْنُ خَمْسَ عَشْرَةَ فَأَجَازَهُ.
Traducción
Anas narrado
Al-Muhajirun (es decir, los emigrantes) y los Ansar estaban cavando la trinchera alrededor de Medina y cargaban la tierra sobre sus espaldas mientras decían: «Somos aquellos que hemos jurado lealtad a Mahoma por el Islam mientras vivimos». El Profeta (ﷺ) respondió a sus palabras: «¡Oh, Alá! No hay más bondad que la del Más Allá. Así que, por favor, bendice a los Ansar y a los emigrantes». La gente traía un puñado de cebada y se preparaba una comida con ella cocinándola con un material de cocción (es decir, aceite, grasa y mantequilla que cambiaban de color y olor) y se regalaba a las personas (es decir, trabajadores) que tenían hambre, y se les pegaba a la garganta y tenía un olor desagradable.