حَدَّثَنَا يَعْقُوبُ بْنُ إِبْرَاهِيمَ، حَدَّثَنَا يَحْيَى بْنُ سَعِيدٍ، عَنْ عُبَيْدِ اللَّهِ، قَالَ أَخْبَرَنِي نَافِعٌ، عَنِ ابْنِ عُمَرَ ـ رضى الله عنهما أَنَّ النَّبِيَّ صلى الله عليه وسلم عَرَضَهُ يَوْمَ أُحُدٍ وَهْوَ ابْنُ أَرْبَعَ عَشْرَةَ فَلَمْ يُجِزْهُ، وَعَرَضَهُ يَوْمَ الْخَنْدَقِ وَهْوَ ابْنُ خَمْسَ عَشْرَةَ فَأَجَازَهُ.
Traducción
Narró Al-Bara
El Profeta (ﷺ) estaba cargando tierra el día de Al-Jandaq hasta que su abdomen quedó completamente cubierto de polvo, y dijo: «Por Dios, sin Allah no habríamos sido guiados, no habríamos dado en caridad ni habríamos rezado. Así que (oh Allah), por favor, envíanos Sakina (es decir, calma) y haz que nuestros pies sean firmes si nos enfrentamos al enemigo, ya que el enemigo se ha rebelado contra nosotros, y si su intención es afligirnos (es decir, quieren asustarnos y luchar contra nosotros, no huiremos sino que lo resistiremos)». El Profeta (ﷺ) solía alzar la voz diciendo: «¡Abaina! ¡Abaina! (es decir, no lo haríamos, no lo haríamos).