Cuando el Profeta (ﷺ) recibió la noticia de la muerte de Ibn Haritha, Ya'far e Ibn Rawaha, se sentó y se puso triste y yo lo miré a través de la rendija de la puerta. Un hombre se acercó y le habló del llanto de las mujeres de Ya'far. El Profeta (ﷺ) le ordenó prohibirlas. El hombre fue y regresó diciendo que se lo había dicho, pero que no lo escucharon. El Profeta (la paz sea con él) dijo: «Prohíbelos». Así que, de nuevo, regresó por tercera vez y dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! Por Alá, no nos escucharon en absoluto». (Añadió Aisha): El Mensajero de Allah (ﷺ) le ordenó que fuera y les pusiera polvo en la boca. Dije (a ese hombre): «¡Que Alá te meta la nariz en el polvo (es decir, te humille)! No pudiste (persuadir a las mujeres para que) cumplieran la orden del Mensajero de Allah (ﷺ) ni aliviaste la fatiga del Mensajero de Allah (ﷺ). »