Una vez, el Profeta (ﷺ) se sentó en un púlpito y nos sentamos a su alrededor. Luego dijo: «Lo que más temo por ti (con respecto a lo que te sucederá después de mí) son los placeres y los esplendores del mundo y sus bellezas que se te revelarán». Alguien dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! ¿Puede el bien engendrar el mal?» El Profeta (ﷺ) permaneció en silencio durante un rato. Se le dijo a esa persona: «¿Qué te pasa? Estás hablando con el Profeta (la paz sea con él) mientras él no te habla a ti». Luego nos dimos cuenta de que estaba siendo inspirado divinamente. Luego, el Profeta (ﷺ) se secó el sudor y dijo: «¿Dónde está el que hace la pregunta?» Al parecer, al Profeta (ﷺ) le gustó su pregunta. Luego dijo: «El bien nunca produce el mal. De hecho, es como lo que crece en las orillas de un arroyo de agua y mata a los animales o los enferma, excepto si un animal come hasta saciarse, la khadira (una especie de verdura) y luego se pone de cara al sol, y luego defeca, orina y vuelve a pastar. Sin duda, esta riqueza es dulce y verde. Bendita sea la riqueza de un musulmán que da a los pobres, a los huérfanos y a los viajeros necesitados. (O el Profeta dijo algo parecido) No cabe duda de que quien lo tome ilegalmente será como el que come pero nunca se sacia, y su riqueza servirá de testigo en su contra el Día de la Resurrección».