حَدَّثَنَا الْحُمَيْدِيُّ، حَدَّثَنَا سُفْيَانُ، حَدَّثَنَا مُوسَى بْنُ عُقْبَةَ، قَالَ سَمِعْتُ أُمَّ خَالِدٍ بِنْتَ خَالِدٍ ـ قَالَ وَلَمْ أَسْمَعْ أَحَدًا سَمِعَ مِنَ النَّبِيِّ، صلى الله عليه وسلم غَيْرَهَا ـ قَالَتْ سَمِعْتُ النَّبِيَّ صلى الله عليه وسلم يَتَعَوَّذُ مِنْ عَذَابِ الْقَبْرِ‏.‏
Traducción
Narró Aisha

Dos ancianas de entre las señoras judías se me acercaron y dijeron: «Los muertos son castigados en sus tumbas», pero pensé que estaban mintiendo y al principio no les creí. Cuando se fueron y el Profeta (ﷺ) se acercó a mí, dije: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! Dos señoras mayores...» y le conté toda la historia. Dijo: «Dijeron la verdad; los muertos son realmente castigados, en la medida en que todos los animales escuchan (el sonido resultante) de su castigo». Desde entonces, en sus oraciones siempre lo he visto buscando refugio en Alá contra el castigo de la tumba.