حَدَّثَنَا أَبُو الْوَلِيدِ، حَدَّثَنَا شُعْبَةُ، عَنْ أَبِي إِسْحَاقَ، قَالَ سَمِعْتُ الْبَرَاءَ ـ رضى الله عنه ـ يَقُولُ لَمَّا نَزَلَتْ {لاَ يَسْتَوِي الْقَاعِدُونَ مِنَ الْمُؤْمِنِينَ} دَعَا رَسُولُ اللَّهِ صلى الله عليه وسلم زَيْدًا، فَجَاءَ بِكَتِفٍ فَكَتَبَهَا، وَشَكَا ابْنُ أُمِّ مَكْتُومٍ ضَرَارَتَهُ فَنَزَلَتْ {لاَ يَسْتَوِي الْقَاعِدُونَ مِنَ الْمُؤْمِنِينَ غَيْرُ أُولِي الضَّرَرِ }.
Traducción
Narró Al-Bara
Cuando se reveló la inspiración divina: «Aquellos de los creyentes que estaban sentados (en casa), el Profeta (ﷺ) llamó a Zaid (bin Thabit), quien llegó con un omóplato y escribió en él. Ibn Um-Maktum se quejó de su ceguera y de ello le llegó la siguiente revelación: «No son iguales los creyentes que se sientan (en casa), excepto los discapacitados (por una lesión, ciegos o cojos, etc.) y los que se esfuerzan y luchan por el camino de Allah con sus riquezas y vidas» (4.95).