Abu Bakr y Al-`Abbas pasaron por una de las reuniones de los Ansar que estaban llorando en ese momento. Él (es decir, Abu Bakr o Al-`Abbas) preguntó: «¿Por qué lloras?» Respondieron: «Lloramos porque recordamos la reunión del Profeta (ﷺ) con nosotros». Así que Abu Bakr fue a ver al Profeta (ﷺ) y se lo contó. El Profeta (ﷺ) salió atándose la cabeza con un trozo del dobladillo de una sábana. Subió al púlpito, al que nunca ascendió después de ese día. Glorificó y alabó a Allah y luego dijo: «Te ruego que cuides de los Ansar, ya que son mis compañeros más cercanos a quienes he confiado mis secretos privados. Han cumplido con las obligaciones y los derechos que se les impusieron, pero queda lo que les corresponde. Por lo tanto, acepten lo bueno de los que hacen el bien y perdonen a los que hacen el mal».