Llegué al Profeta (ﷺ) mientras estaba apoyado en su sábana a la sombra de la Kaaba. En aquellos días sufríamos mucho a causa de los paganos. Le dije (a él). «¿Invocarás a Allah (para que nos ayude)?» Se sentó con el rostro enrojecido y dijo: «A los creyentes que os precedieron se les peinaba con peines de hierro para que no quedara nada de su carne o sus nervios en sus huesos; sin embargo, eso nunca lo hizo abandonar su religión. Se le podía poner una sierra sobre la parte que separaba la cabeza y la dividirían en dos partes, pero todo eso no haría que abandonara su religión. No cabe duda de que Alá completará esta religión (es decir, el Islam) para que quien viaje de Sana a Hadra-maut no tema a nadie excepto a Allah». (El subnarrador, Baiyan, añadió: «O el lobo, para que no dañe a sus ovejas»).