حَدَّثَنِي عُبَيْدُ اللَّهِ بْنُ سَعِيدٍ، حَدَّثَنَا أَبُو أُسَامَةَ، حَدَّثَنَا مِسْعَرٌ، عَنْ مَعْنِ بْنِ عَبْدِ الرَّحْمَنِ، قَالَ سَمِعْتُ أَبِي قَالَ، سَأَلْتُ مَسْرُوقًا مَنْ آذَنَ النَّبِيَّ صلى الله عليه وسلم بِالْجِنِّ لَيْلَةَ اسْتَمَعُوا الْقُرْآنَ‏.‏ فَقَالَ حَدَّثَنِي أَبُوكَ ـ يَعْنِي عَبْدَ اللَّهِ ـ أَنَّهُ آذَنَتْ بِهِمْ شَجَرَةٌ‏.‏
Traducción
Narró Abu Huraira

Aquella vez estuvo en compañía del Profeta (ﷺ) llevando un cántaro de agua para su ablución y para limpiar sus partes íntimas. Mientras lo seguía cuando lo llevaba consigo (es decir, la vasija), el Profeta (ﷺ) dijo: «¿Quién es este?» Dijo: «Soy Abu Huraira». El Profeta (ﷺ) dijo: «Tráeme piedras para limpiar mis partes íntimas y no traigas huesos ni excrementos de animales». Abu Huraira continuó narrando: Así que llevé algunas piedras y las llevé en la esquina de mi túnica hasta que las puse a su lado y me fui. Cuando terminó, caminé con él y le pregunté: «¿Qué pasa con el hueso y el estiércol de los animales?» Dijo: «Son el alimento de los genios. El delegado de los genios de Nasibin (la ciudad de) Nasibin se acercó a mí (y qué buenos eran esos genios) y me pidió los restos del alimento humano. Invoqué a Alá en su favor diciéndoles que nunca pasaran junto a un hueso o excremento de animal, sino que encontraran comida en ellos».