Había una esclava negra que pertenecía a una tribu árabe y la manicomieron, pero se quedó con ellos. La esclava dijo: «Una vez, una de sus niñas (de esa tribu) salió con un pañuelo de cuero rojo decorado con piedras preciosas. Se le cayó o se lo puso en algún sitio. Una cometa pasó por ese lugar, la vio tirada allí y, confundiéndola con un trozo de carne, se fue volando con ella. Esas personas lo buscaron pero no lo encontraron. Así que me acusaron de haberla robado y empezaron a buscarme e incluso a revisar mis partes íntimas». La esclava dijo además: «¡Por Alá! Mientras estaba de pie (en ese estado) con esas personas, la misma cometa pasó junto a ellas, dejó caer el pañuelo rojo y cayó entre ellos. Les dije: «Esto es de lo que me acusaban y yo era inocente y ahora es todo». `Aisha añadió: Esa esclava acudió al Mensajero de Allah (ﷺ) y abrazó el Islam. Tenía una tienda de campaña o una habitación pequeña con techo bajo en la mezquita. Siempre que me visitaba, hablaba conmigo y siempre que se sentaba conmigo, recitaba lo siguiente: «El día del pañuelo (banda) fue una de las maravillas de nuestro Señor. En verdad, Él me rescató de la ciudad de los incrédulos. Aisha añadió: «Una vez le pregunté: '¿Qué te pasa? Siempre que te sientas conmigo, recitas estos versos poéticos. En ese momento me contó toda la historia. »