Cuando el Mensajero de Allah (ﷺ) emigró a Medina, Abu Bakr y Bilal tuvieron fiebre. Entré en ellos y pregunté: "¡Oh padre mío! ¿Cómo estás? ¡Oh Bilal! ¿Cómo estás? Cada vez que la fiebre atacaba a Abu Bakr, recitaba los siguientes versos poéticos: "Todo el mundo se mantiene vivo entre su pueblo, pero la muerte está más cerca de él que los cordones de sus zapatos". Y cada vez que la fiebre abandonaba a Bilal, recitaba (dos versos poéticos): "Ojalá pudiera pasar la noche en un valle en el que estaría rodeado de Idhkhir y Jalil (dos tipos de hierba que huele bien). ¡Ojalá un día yo bebiera del agua de Majinna y que Shama y Tafil (dos montañas en La Meca) se me aparecieran? Entonces fui y le informé al Mensajero de Allah (ﷺ) acerca de eso, ante lo cual él dijo: "¡Oh Allah! Haz que amemos a Medina tanto o más de lo que amamos a La Meca. ¡Oh Allah! Hazlo sano y bendícelo su Mudd y Sa por nosotros, y quítale la fiebre y ponlo en Al Juhfa".