Durante uno de nuestros viajes, desembarcamos en un lugar al que llegó una esclava y dijo: «Un escorpión ha picado al jefe de esta tribu y nuestros hombres no están presentes; ¿hay alguien entre ustedes que pueda tratarlo (recitando algo)?» Luego, uno de nuestros hombres la acompañó, aunque no creíamos que conociera ese trato. Pero trató al jefe recitándole algo, y el enfermo se recuperó, después de lo cual le dio treinta ovejas y nos dio a beber leche (como recompensa). Cuando regresó, le preguntamos a nuestro amigo: «¿Sabías cómo tratar la recitación de algo?» Dijo: «No, pero lo traté solo con la recitación de la Madre del Libro (es decir, Al-Fatiha)». Dijimos: «No digas nada (al respecto) hasta que contactemos o preguntemos al Profeta (ﷺ). Así que cuando llegamos a Medina, se lo mencionamos al Profeta (para saber si la oveja que nos habíamos llevado era legal o no). El Profeta (ﷺ) dijo: «¿Cómo supo que Al-Fatiha podía usarse como tratamiento? Distribuye tu recompensa y asígname también una parte de ella».