حَدَّثَنَا أَحْمَدُ بْنُ يُونُسَ، حَدَّثَنَا زُهَيْرٌ، عَنْ يَحْيَى بْنِ سَعِيدٍ، قَالَ سَمِعْتُ أَنَسًا ـ رضى الله عنه ـ قَالَ دَعَا النَّبِيُّ صلى الله عليه وسلم الأَنْصَارَ لِيَكْتُبَ لَهُمْ بِالْبَحْرَيْنِ فَقَالُوا لاَ وَاللَّهِ حَتَّى تَكْتُبَ لإِخْوَانِنَا مِنْ قُرَيْشٍ بِمِثْلِهَا‏.‏ فَقَالَ ذَاكَ لَهُمْ مَا شَاءَ اللَّهُ عَلَى ذَلِكَ يَقُولُونَ لَهُ قَالَ ‏"‏ فَإِنَّكُمْ سَتَرَوْنَ بَعْدِي أُثْرَةً، فَاصْبِرُوا حَتَّى تَلْقَوْنِي ‏عَلَى الْحَوْضِ"‏‏.‏
Traducción
Narró Jabir bin 'Abdullah

El Mensajero de Allah (ﷺ) me dijo una vez: «Si llegaran los ingresos de Bahréin, te daría esta cantidad y esta cantidad». Cuando el Mensajero de Allah (ﷺ) murió, llegaron las rentas de Bahréin y Abu Bakr anunció: «Que venga a mí a quien el Mensajero de Allah (ﷺ) le haya prometido algo». Así que fui a Abu Bakr y le dije: «El Mensajero de Allah (ﷺ) me dijo: «Si llegaran los ingresos de Bahréin, te daría esto y esto». En ese momento, Abu Bakr me dijo: «Recoge (el dinero) con ambas manos». Recogí dinero con ambas manos y Abu Bakr me pidió que lo contara. Lo conté y eran quinientas (piezas de oro). La cantidad total que me dio fue de mil quinientas (piezas de oro). Narró Anas: El Profeta recibió dinero de Bahréin (ﷺ). Dijo: «Difunde el dinero en la mezquita». Era la cantidad más grande que jamás se le había dado al Mensajero de Allah (ﷺ). Mientras tanto, Al-`Abbas se acercó a él y le dijo: «¡Oh, Mensajero de Allah (ﷺ)! Dadme, porque he dado el rescate por mí y por `Aqil». El Profeta le dijo (a él): «Toma». Cogió el dinero con ambas manos, lo vertió en su ropa e intentó levantarlo, pero no pudo, y apeló al Profeta: «¿Le pedirías a alguien que me ayude a levantarlo?» El Profeta (ﷺ) dijo: «No». Entonces Al-`Abbas dijo: «Entonces, ¿me ayudarías tú mismo a cargarlo?» El Profeta (ﷺ) dijo: «No». Entonces, Al Abbas tiró parte del dinero a la basura, pero aun así no pudo recogerlo, por lo que volvió a preguntar al Profeta (ﷺ): «¿Le pedirías a alguien que me ayude a llevarlo?» El Profeta dijo: «No». Entonces, Al-`Abbas dijo: «Entonces, ¿me ayudarías tú mismo a llevarla?» El Profeta (ﷺ) dijo: «No». Así que Al-Abbas tiró un poco más de dinero, lo cargó sobre su hombro y se fue. El Profeta (ﷺ) siguió mirándolo con asombro por su codicia hasta que lo perdimos de vista. El Mensajero de Allah (ﷺ) no se levantó de allí hasta que no quedó ni un solo dírham de ese dinero.