«No muevas la lengua con eso» (Ixxv. 16) que cuando Gabriel le trajo la revelación (el Santo Profeta) movió la lengua y los labios (con el fin de memorizarla al instante). Era algo difícil para él y se podía ver (en su rostro). Entonces Alá, el Altísimo, reveló esto: «No muevas con ello la lengua para apresurarte (a memorizarlo). No cabe duda de que recae en nosotros recogerlo y recitarlo» (ixxv. 16), es decir. En verdad, depende de Nosotros que lo conservemos en tu corazón y (te permitas) recitarlo. Lo recitarías cuando lo recitáramos y así siguiéramos su recitación, y Él (Allah) dijo: «Lo revelamos, así que escúchalo con atención. Verdaderamente, su exposición recae en Nosotros. Es decir, haremos que se la entregue en tu lengua». Así que cuando Gabriel se acercó a él (al Santo Profeta), guardó silencio y, cuando se fue, recitó tal como Allah le había prometido.