La última hora no llegaría hasta que los romanos desembarcaran en al-A'maq o en Dabiq. Un ejército formado por los mejores (soldados) de los habitantes de la tierra de aquella época vendrá de Medina (para contrarrestarlos). Cuando se organicen por filas, los romanos dirán: No os interpongáis entre nosotros y aquellos (musulmanes) que nos han hecho prisioneros. Luchemos con ellos, y los musulmanes dirían: No, por Alá, nunca nos separaremos de vosotros y de nuestros hermanos para que podáis luchar contra ellos. Luego lucharán y un tercio (una parte) del ejército huirá, a quien Alá nunca perdonará. Un tercio (una parte del ejército) que estuviera compuesto por excelentes mártires a los ojos de Alá moriría y el tercero, que nunca sería llevado a juicio, ganaría y vencería Constantinopla. Y mientras se ocupaban de repartir el botín de guerra (entre ellos) después de haber colgado sus espadas junto a los olivos, Satanás gritaba: El Dajjal ha ocupado tu lugar entre tu familia. Entonces saldrían, pero no serviría de nada. Y cuando llegaban a Siria, él salía mientras ellos se preparaban para la batalla, levantando filas. Ciertamente, llegará el momento de la oración y entonces Jesús (la paz sea con él), hijo de María, descenderá y los guiará. Cuando el enemigo de Alá lo viera, (desaparecería) del mismo modo que la sal se disuelve en el agua y si él (Jesús) no se enfrentara a ellos en absoluto, incluso entonces se disolvería por completo, pero Alá los mataría con su mano y les mostraría su sangre en su lanza (la lanza de Jesucristo).