Cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pronunció el sermón, sus ojos se pusieron rojos, su voz se elevó y su ira aumentó, de modo que era como quien advertía al enemigo diciendo: «El enemigo te ha atacado por la mañana y también por la noche». También decía: «La última hora y yo hemos sido enviados como estos dos». Juntaba sus dedos índice y medio, y decía además: «Lo mejor del discurso está plasmado en el Libro de Dios, y la mejor guía es la que da Mahoma. Y lo más perverso son sus innovaciones; y toda innovación es un error». Además, diría: «Un musulmán me quiere más que a sí mismo; y quien dejó bienes para su familia; y quien muere endeudado o deja hijos (indefenso), la responsabilidad (de pagar su deuda y criar a sus hijos) recae en mí».