Cuando las mujeres creyentes emigraban (a Medina) y acudían al Mensajero de Allah (ﷺ), las ponían a prueba de acuerdo con las siguientes palabras de Allah, el Todopoderoso y Exaltado: «Oh Profeta, cuando las mujeres creyentes vienen a ti para jurarte lealtad que no asociarán nada con Dios en la adoración, que no robarán. Eso, no cometerán adulterio...» hasta el final del verso (lx. 62). Se consideró que las mujeres creyentes que aceptaron estas condiciones y accedieron a cumplirlas se ofrecieron a jurar lealtad. Cuando habían declarado (formalmente) que estaban decididas a hacerlo, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les dijo: «Podéis marcharos». He confirmado vuestra lealtad. Por Dios, la mano del Mensajero de Allah (ﷺ) nunca tocó la mano de una mujer. Les juraría lealtad mediante una declaración oral. Por Dios, el Mensajero de Allah (ﷺ) nunca hizo ningún voto con una mujer excepto el que Dios le había ordenado que hiciera, y su palma nunca tocó la palma de una mujer. Cuando les hacía el juramento, les decía que lo habían hecho oralmente.