"Una mujer pidió prestadas unas joyas, diciendo que otras personas cuyos nombres eran conocidos pero el suyo no lo era, entonces las vendió y se quedó con el dinero. Ella fue llevada ante el Mensajero de Allah, y su gente fue a ver a Usamah bin Zaid, quien habló con el Mensajero de Allah acerca de ella. El rostro del Mensajero de Allah cambió de color mientras le hablaba. Entonces el Mensajero de Allah le dijo: '¿Estás intercediendo conmigo con respecto a uno de los castigos decretados por Allah?' Usamah dijo: '¡Ruega por el perdón para mí, oh Mensajero de Allah! Entonces el Mensajero de Allah se levantó esa noche, alabó y glorificó a Allah, el poderoso y sublime, como se merece, y luego dijo: "La gente que vino antes que tú fue destruida porque, cada vez que una persona noble entre ellos robaba, lo dejaban ir. Pero si una persona de clase baja robaba, le aplicaban el castigo. Por Aquel en cuya mano está el alma de Muhammad, si Fátima bint Muhammad fuera a robar, le cortaría la mano". Luego cortó a esa mujer".