"Había dos vecinas que solían hacer trabajos de cuero (con un punzón) en At-Ta'if. Una de ellas salió con la mano sangrando y afirmó que su compañera le había hecho daño, pero la otra lo negó. Le escribí a Ibn 'Abbas acerca de eso. Escribió: "El Mensajero de Allah (saws) dictaminó que la persona contra la que se hizo la demanda debía prestar juramento. Porque si a la gente se le diera lo que dice que es suyo, entonces la gente haría reclamaciones contra la riqueza y la sangre de los demás". Así que la llamó y le recitó este versículo: "Quienes compren una pequeña ganancia a costa del pacto de Allah y de sus juramentos, no tendrán parte en la otra vida..." hasta el final del versículo. Él la llamó y se lo recitó, y ella se lo confesó. La noticia le llegó y estaba feliz.