Se narró de 'Amr bin Shu'aib, de su padre, de su abuelo, que Marthad bin Abi Marthad Al-Ghanawi --un hombre fuerte que solía llevar a los prisioneros de La Meca a Al-Medina-- dijo: "Acordé con un hombre llevarlo (de La Meca a Al-Medina). Había una prostituta en La Meca que se llamaba Anaq, y era su amiga. Ella salió y vio mi sombra en la pared, y dijo: '¿Quién es este? ¿Marthad? Bienvenido, oh Marthad, ven esta noche y quédate en nuestra casa. Le dije: 'Oh Anaq, el Mensajero de Allah ha prohibido el adulterio'. Ella dijo: '¡Oh gente de las tiendas, este puercoespín es el que lleva a vuestros prisioneros de La Meca a Medina!' Me dirigí hacia (la montaña de) Al-Khandamah, y ocho hombres vinieron detrás de mí. Vinieron y se pararon sobre mi cabeza, orinaron y su orina llegó a mí, pero Alá hizo que no me vieran. Luego fui a ver a mi compañero (el prisionero) y lo llevé a Al-Arak, donde le deshice las cadenas. Entonces me acerqué al Mensajero de Dios y le dije: 'Oh, Mensajero de Dios, ¿debo casarme con Anaq?' Permaneció en silencio y no me respondió, entonces se reveló lo siguiente: 'Y la adúltera fornicadora, nadie se casa con ella sino un adúltero-fornicador o un idólatra'. Me llamó, me las recitó y me dijo: 'No te cases con ella'".