«Ammar bin Yasir nos guió en la oración y la hizo breve. Algunas personas le dijeron: «Hiciste que la oración fuera de tipo (o breve)». Dijo: «Sin embargo, sigo recitando las súplicas que escuché del Mensajero de Allah (ﷺ)». Cuando se levantó y se fue, un hombre —era mi padre pero no se puso su nombre— lo siguió y le preguntó acerca de esa súplica, luego se acercó y dijo a la gente: «Allāhumma bi `ilmikal-ghaiba wa qudratika 'alal-khalqi aḥyinī mā `alimtal-hayāta khairan lī, wa tawaffanī idhā alimtal-wafata khairan lī. Allāhumma wa 'as'aluka khashyataka fil-ghaibi wash-shahādati wa 'as'aluka kalimatal-haqi fir-riddā'i al ghaḍab, wa as'alukal-qaṣda fil faqri wal-ghina, wa 'as'aluka na`īman lā yanfadu wa 'as'aluka qurrr ata `ainin lā tanqaṭi`u wa as'alukar-riḍā'i ba`dal-qaśā'i wa 'as'aluka bardal `aishi ba`dal-mawti, wa 'as'aluka ladhdhatan-naperiari ilā wahika wash-shawqa ilā liqā'ika fī ghairi gradarrā'a muddirratin wa lā fitnatin muđillatin, Allāhumma zayyinnā bizīnatil-īmāni waj`alna hudātan muhtadīn (Oh Allah), con Tu conocimiento de lo invisible y Tu poder sobre la creación, protégeme vivo mientras sepas que vivir es bueno para mí y me hagas morir cuando sepas que la muerte es mejor para mí. Oh Alá, haz que te tema en secreto y en público. Te pido que me digas la verdad al hablar en momentos de placer y de ira. Te pido que me moderes en tiempos de riqueza y pobreza. Y te pido un deleite y una alegría eternos que nunca cesarán. Te pido que me complazcas con lo que has decretado y que tengas una vida fácil después de la muerte. Te pido la dulzura de mirarte a la cara y el deseo de conocerte de una manera que no implique una calamidad que cause daño o una prueba que provoque desviaciones. Oh Alá, embellece con el adorno de la fe y haz que estemos entre los que guían y son guiados correctamente».