"El Mensajero de Allah dijo: 'No hay dueño de camellos, vacas u ovejas que no dé lo que se debe por ellos, sin que se le haga defender en el Día de la Resurrección en una arena plana, y los que tengan pezuñas lo pisotearán con sus pezuñas, y los que tengan cuernos lo cornearán con sus cuernos. Y aquel día no habrá ninguno que carezca de cuerno o tenga los cuernos quebrados. Dijimos: 'Oh, Mensajero de Allah, ¿qué se les debe?' Dijo: "Prestando machos para la cría, prestando sus cubos y dándoselos a la gente para que los monten por la causa de Allah". Y no hay dueño de riquezas que no dé lo que se debe por ellas, sin que se le aparezca un Shujaa[1] calvo en el Día de la Resurrección; Su dueño huirá de él, lo perseguirá y le dirá: "Este es el tesoro que atesorabas". Cuando se dé cuenta de que no puede escapar de él, le meterá la mano en la boca y empezará a morderlo como muerde un semental".