"¡Qué siervo tan malo es el que se imagina a sí mismo y se vuelve vano olvidando al Más Grande, al Altísimo! ¡Qué siervo tan malo es el que fuerza y se comporta de manera hostil, olvidando al Obligador, el Altísimo! ¡Qué siervo tan malvado es el que es negligente y distraído, olvidándose de los sepulcros y de las pruebas! ¡Qué siervo tan malo es aquel que es violento y tiránico, olvidando sus comienzos o su fin! ¡Qué siervo tan malo es el que busca el mundo a través de la religión! ¡Qué siervo tan malo es el que busca la religión a través de sus deseos! ¡Qué siervo tan malo es el que pone toda esperanza en su propio celo! ¡Qué siervo tan malo es el adorador que es extraviado por su deseo! ¡Qué siervo tan malvado es aquel cuyas aspiraciones lo humillan!"