Abu Huraira relató que el Mensajero de Dios dijo: "Un profeta que salió en una expedición le dijo a su pueblo que ningún hombre debía seguirlo si se había casado con una mujer con la que deseaba cohabitar pero aún no lo había hecho, o que había construido casas en las que aún no había puesto los techos, o que había comprado ovejas o camellas preñadas y esperaba que produjeran crías. Luego fue a la expedición y se acercó a la ciudad a la hora de la oración de la tarde o alrededor de eso. Luego le dijo al sol que tanto él como él estaban bajo mandato y oró a Dios para que lo guardara para ellos, por lo que se mantuvo hasta que Dios le diera la victoria. Recogió el botín y éste (refiriéndose al fuego) vino a devorarlos, pero no lo hizo. Diciendo que había deshonestidad sobre el botín entre ellos, les dijo que un hombre de cada tribu debía jurarle lealtad, y cuando la mano de un hombre se clavaba en la suya, decía que había deshonestidad sobre el botín entre ellos. Le trajeron una cabeza de oro como la cabeza de una vaca, y cuando la hubo dejado, vino el fuego y devoró el botín.* Una versión dice: "El botín no era permitido a nadie antes de nosotros. Entonces Dios nos permitió el botín. Él vio nuestra debilidad e incapacidad y nos las permitió." *Esta tradición combina elementos de la historia de Josué ordenando al sol que se detuviera (Josué, 10:12) y la historia del pecado de Acán (Josué, 7:10 ss). (Bujari y Muslim.)